Mi paso por arquitectura me dejó unas experiencias positivas, y una de ellas fue soltarme la mano, cuando dibujaba como 30 croquis al día, porque el encargo eran de 100 croquis para solo un fin de semana. Era aprender a mirar, observar y plasmarlo en una hoja, y hacerlos en tiempo récord, y así fue todo un año intenso, uego se fue alivianando un poco. Esta experiencia con el croquis fue mi primer acercamiento real en el dibujo rápido y que o importante era sacar la esencia del lugar o del objeto que dibujaba. Era un momento glorioso, donde había que inventarse la manera de dibujar porque tenías que dibujar el ocaso, el atardecer, la lluvia, la neblina, lo que menos te imaginabas había que plasmar en un papel. Y fue uno de las experiencias más ricas que tuve, donde conocí mi mano y me encontré conmigo misma.
Ahora cuando dejo un tiempo de dibujar a mano, se me nota, y necesito como el pan de cada día.

Hace un tiempo para una fecha especial participé en un encuentro de sketching y desarrollé este croquis: